Verbigracia de lo corruptible que puede ser el alma humana. Ni tan solo el alma, pues considérese una propiedad más noble; el espíritu. Partiendo desde una premisa de pureza intrínseca, despojándonos del mundo moderno, civilizado y, enfrentados a un espacio permisible y corruptible: se tienta al antiguo dentro de todos nosotros. Pues Schopenhauer mencionó, y Sartre lo recalcó, que un hombre es todos los hombres. Kierkegaard lo argumentó tomando en cuenta la máxima del pecado original, sustrayendo al hombre de su inocencia, rindiéndolo en susceptibilidad al destino de la pecaminosidad. Un concepto que no se limita a la teología sino, más bien, abre paso a una antítesis ontológica. De manera facsímil, Dostoyevsky alude al humano inmiscuido en el caos. Mientras exista el humano, se tiende a su atributo caótico, su pulsión de destruir todo a su paso. Esto se planteó incluso bajo la condición de la educación aristocrática y civilizada, que dominó en la literatura rusa de la Era Dorada del s...
Reseñas, análisis que hago durante el tiempo libre que me queda.