Verbigracia de lo corruptible que puede ser el alma humana. Ni tan solo el alma, pues considérese una propiedad más noble; el espíritu. Partiendo desde una premisa de pureza intrínseca, despojándonos del mundo moderno, civilizado y, enfrentados a un espacio permisible y corruptible: se tienta al antiguo dentro de todos nosotros. Pues Schopenhauer mencionó, y Sartre lo recalcó, que un hombre es todos los hombres. Kierkegaard lo argumentó tomando en cuenta la máxima del pecado original, sustrayendo al hombre de su inocencia, rindiéndolo en susceptibilidad al destino de la pecaminosidad. Un concepto que no se limita a la teología sino, más bien, abre paso a una antítesis ontológica. De manera facsímil, Dostoyevsky alude al humano inmiscuido en el caos. Mientras exista el humano, se tiende a su atributo caótico, su pulsión de destruir todo a su paso. Esto se planteó incluso bajo la condición de la educación aristocrática y civilizada, que dominó en la literatura rusa de la Era Dorada del s...
Tres años después de mi primera lectura de este clásico de la literatura latinoamericana decidí releerlo para volver a sentirme como me sentí tres años atrás. La sensación fue exactamente la misma, sin desvaríos ni sentencias negativas; fue justo como lo recordaba, tan cálido y bello como siempre ha sido. Leer este libro me da una felicidad difícilmente equiparable con otra experiencia que he tenido en mi vida. Me hace sentir tan agradecido de haber descubierto e introducido la literatura de Gabriel García Márquez en mi vida. Es una obra que remarca el valor de este autor, tan legendario y apreciado por todos. También, a más de elevarlo, es una obra que representa una reticencia en su reputación como escritor, aquella novela que clamó a todo el mundo que, a pesar de ganar el Nobel, había permanecido el mismo y completamente inmiscuido en su escritura. Con la misma pasión, fervor y desenfreno hacia las historias que nos representan como Latinoamérica pero que también inciden en la condi...