Muy pocos libros pueden volverte adicto a su contenido y a la vez dejarte con un vacío inmenso en el alma. La Náusea es uno de ellos. Cada frase y cada palabra utilizada por Sartre es precisa, desembocando en una narrativa exquisita que invita constantemente al pensamiento. Es uno de los libros fundamentales de la filosofía existencialista, puesto a que esclarece todas las dudas que aficionado tiene constantemente con respecto a su situación y a su propósito. El existencialismo prima en esta novela y lo hace de una manera que te toma completamente por sorpresa. Hay veces en las que uno no puede seguir leyendo este libro pues te sientes agobiado por toda la cantidad de detalles que se han visto perdidos frente a tí. Todo aquello que es evidente de la existencia hubiera seguido ausente ante tus ojos, hasta que lees este libro. La Náusea ahora es tuya y de nadie más. Sientes que este carácter monstruoso que apremia a la existencia humana es experimentado únicamente por ti, cuando al contrario: todos lo experimentarán en algún punto de sus vidas. Este libro es simplemente un atajo para llegar más rápido a este punto detonador en nuestras vidas.
La responsabilidadLa existencia es difícil de definir, por lo que una rama entera de la filosofía se dedica a ella. Esta es universal pero también está plenamente ausente. Se pierde dentro de la cotidianeidad hasta el punto en el que la existencia nunca puede concebirse por el humano como algo estorboso, o simplemente, como algo que se posee. Este concepto no puede ser poseído, ni mucho menos manipulado. Solamente está ahí en el espacio inmenso de masas claudicantes. Caminan entre sí y existen entre sí mismas, no se dan cuenta de que están ahí pero simplemente lo están. El impresionante cataclismo que cae sobre la humanidad es darse cuenta de su propia existencia. Todo cambia a partir de aquí, pues el humano está sometido a una responsabilidad. Es algo de lo que se debe preocupar una vez que la consideras a pesar de haberla ignorado por tanto tiempo. De repente te responsabilizas de ella, y esa responsabilidad establecerá tu papel y éxito en esta vida. Sin embargo, esta responsabilidad es demasiado inmensa como para ser soportada e incluso concebida por un ser tan insignificante como todos nosotros. Nos golpea con toda su fuerza, que se muestra ciclónica e inexorable. Apremia al humano y lo sigue haciendo por siempre. No descansa, no respira y no come. Es una fuerza inmutable de la que es imposible escaparse. Se la empieza a sentir en todas partes pues, dentro de sí misma, establece todo el orden de las cosas. Ahora se siente que las cosas nos tocan. Son ellas las que nos utilizan y no nosotros a ellas. Esas cosas existen, su existencia nos estorba y quiere establecer contacto con nosotros. Aquello que era tan cotidiano y casi instintivo se vuelve ahora un estorbo impresionante. Quizás todo parece en equilibrio: todo está en armonía, todo está ahí y todo permanece ahí. Solamente yo soy el único que parece fluctuar dentro de este sistema intricado e interminable; "siento que estoy de más". La contingencia (término utilizado por Sartre para definir estas dos últimas líneas) es igualmente perturbadora que el existir.
La Náusea como fuerza inamovible
Esta angustia insoportable es lo que Sartre denomina la Náusea. Es el darse cuenta de su propia existencia y que de pronto uno es un doblez dentro de la hoja eterna y sofocante. Yo estoy hundido en la Náusea, está en todo lado. Es un mar inmenso y yo soy el náufrago que es azotado por el huracán. Nadie nunca está listo para esta realización ni para el embotamiento que causa la gustosa existencia. Parecía gustoso estar vivo e interactuar con mis semejantes, pero desde la Náusea me dí cuenta que no. Al parecer desperdicié toda mi vida hasta este momento, dejándome llevar por el insignificante ajetreo y el insignificante cotidiano. La cotidianeidad es algo muy difícil de escapar, pues es un derecho humano natural el ser esclavo de su propia vida. Pero esto es lo que aleja a la persona de la realización de su existir. Es también el darse cuenta de la poca trascendencia que tiene el tiempo sobre nosotros. El tiempo sigue pasando interminablemente, pero nosotros seguimos ahí. Todo lo que he vivido se ha ido y ha dejado de existir. El pasado no existe pues solo existe el presente. Una vez que escribí una línea esta ya ha dejado de existir. Está en el pasado y ahora lo único de lo que debo ocuparme es en el presente o quizás en mi porvenir. Precisamente este es el fundamento de la famosa responsabilidad a la que Jean Paul Sartre somete a nuestra gustosa existencia. Es una responsabilidad de hacer algo con ella pues es demasiado valiosa y evidente como para dejarla pasar por el margen. Soy directamente responsable de aventurarme dentro de mi propia existencia, para que de esta forma pueda vencer el inconsciente colectivo. Este es otra de las plagas que azota a la humanidad, y la mejor manera de vencerlo es establecerse dentro del marco individualista. La consciencia de uno mismo es el primer paso más importante que definirá nuestro camino por la trascendencia. Después llega la consciencia de todos y todo, siendo este el paso donde casi todas las personas fallan. Es la simple consideración de las pequeñas tuercas, los pequeños cimientos, rocas, contrachapados, adornos, ademanes, expresiones, sentimientos, etc... que son compartidas por cada uno de nosotros. Es responsable de la industrialización de la existencia pues sirve y constituye un molde en el cual todo convive y perdura. El darse cuenta de lo fundamental, lo elemental, es importante pues se está siendo consciente de los propios cimientos que construyen el existir. Es en este punto donde al fin se podrá rendir tributo al gran peso que representa la existencia que nos esclaviza.
El poco valor del recuerdo
"Nadie se mete el pasado en el bolsillo, hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme: solo quise ser libre."
El recuerdo es insignificante. Todo lo que una persona pudo haber conseguido durante su vida le sirve como un recuerdo, pero evidentemente una vez que haya pasado el suceso central que inició la condena del recuerdo, este se pierde en el pasado. Una vez perdido no se lo vuelve a encontrar, si no solamente en la memoria o en posibles souvenirs. Entonces ahora todo lo recuerdan con añoranza y con melancolía, como un tiempo donde alguna vez fueron felices. Un tiempo óptimo en sus vidas donde todo parecía estar perfecto, un tiempo al que acuden una vez que se dan cuenta de su fracasado presente. El recuerdo es el mecanismo de defensa contra la impasibilidad del presente. Sirve como un instrumento de bondad y de misericordia, es la deidad a la que el humano trágico le reza cuando está necesitado. En cuanto a deidad me refiero a algo totalmente hegemónico e imposible de igualar. Es una jerarquía extremadamente superior, a la vez que insignificante. Al ser superior, se cierra de su comprensión completa para el humano. El humano no puede soportar el recuerdo por sí solo, por lo que lo termina dejando. El recuerdo es entonces efímero e imposible de aprehender.
Es fundamental disociarse de esta esclavitud voluntaria. No es necesario para la supervivencia del humano, pero sí es importante para su porvenir. El dejar atrás el mundo material donde se almacenan los recuerdos, así como también el mecanismo para justificar todas las miserias, es importante para el desarrollo del humano. Debe ser únicamente una herramienta para el porvenir del humano, pero no para sus resignaciones. Sartre también refuta la importancia de la experiencia, haciendo que esta sea igual de inútil que el propio recuerdo. La experiencia, asi como también los recuerdos, son inservibles para el dominio existencial puesto a que no son capaces de combatir el constante movimiento a través de la línea temporal. Intentan agarrar a la persona desde el pasado pero lo único que consiguen es demacrar la esperanza del viajero. A la final, esas serían solo una fachada para ocultar a la persona de lo que en verdad es. "Las cosas son en su totalidad lo que parecen, y detrás de ellas… no hay nada."
La existencia precede a la esencia
"¿Sí? ¿Eso es lo que querías? Bueno, es eso, precisamente, lo que nunca has tenido […] y lo que nunca tendrás, ni tú ni nadie."
La frase "La existencia precede a la esencia" se popularizó por el tratado filosófico El existencialismo es un humanismo escrito por el mismísimo Sartre. Ahondando en esta consideración se dice que nosotros primero existimos y luego construimos nuestra propia esencia. A partir de las experiencias y el aprendizaje del individuo se van construyendo sus primeros cimientos de lo que será una persona completamente esencial. Pero Sartre refuta esta utopía. El humano es susceptible a todas las fuerzas que ya expliqué previamente, pero más que nada es susceptible a la fuerza comunitaria. Somos mimos por excelencia pues todo lo que los demás hacen nosotros también lo hacemos, como una medida de encajar en una sociedad monótona. Somos también susceptibles al consumismo y al materialismo, que hoy más que nunca aprisiona a la sociedad. El humano es una máquina repetidora, así como una máquina consumista que escapa constantemente de su esencia precisamente por su naturaleza débil. El humano nunca será capaz de escapar esas influencias incapacitantes hasta que él mismo se de cuenta de la magnitud de lo que es existir en este mundo. Únicamente en ese instante, que es aquel cuando llega la Náusea, se dará cuenta de la responsabilidad que cae sobre él. Evidentemente, es imposible superar estas tentaciones y de todas formas el peso de la existencia es demasiado grande como para depender de la espalda de un ser tan insignificante como nosotros.
El eje de la verosimilitud
"Hoy ya no fijaban absolutamente nada; era como si su misma existencia fuera dudosa, como si les costara el mayor esfuerzo pasar de un instante al otro. […] Nada parecía verdadero; me sentía rodeado por una decoración de papel que podía sufrir un brusco trasplante. El mundo aguardaba, reteniendo el aliento, haciéndose pequeño: aguardaba su crisis, su Naúsea."
Finalmente, existe una máscara que es la mediadora de todas las tragedias existenciales. Es el punto de quiebre que determina la transición desde la inconsciencia a la Náusea y últimamente la trascendencia. Es una máscara sutil, donde su naturaleza delicada permite una armonía entre todo y todos. Esta también es increíblemente fuerte pues soporta incontables dudas que tiene el humano a diario acerca de su condición. Podríamos decir que es una manta protectora que nos guarda a todos de los cataclismos existenciales, que finalmente serían muy difíciles de soportar. Es la máscara natural para evitar el declive de la civilización. Esta máscara es la verosimilitud, pues todo aquello que vemos desde la superficie se parece verosímil y alcanzable. Sin embargo, detrás de este eje de la verosimilitud, lo superficial resulta ser más profundo y complejo. Ahora todo es posible y se nos revela un mundo tan vasto hasta el punto de ser nauseabundo.
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La prosa de Jean Paul Sartre es impresionante y rica. Es capaz de desentrañar todo lo que le perturba al humano y exponerlo al ojo desnudo para que todos y todas puedan disfrutarlo o inclusive para que puedan evitarlo. Un libro que como pocos me ha causado taquicardia y que me agarró totalmente desprevenido. Es toda una experiencia dentro de sí mismo, por lo que es inevitable soltarlo una vez que ya lo has empezado a leer. Es más, quisiera borrar mi memoria para volver a experimentarlo todo otra vez. Nunca olvidaré la aprehensión que este libro desató sobre mí, y nunca olvidaré lo mucho que este libro me ha hecho pensar.
Ni esto, ni millones de frases pueden hacerle frente a este libro trascendental. Recomendaré este libro hasta el día en el que me muera. He adquirido esa responsabilidad.
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